RIESGO BUENO

riesgo bueno, el riesgo en el control de proyectos

Por: Felix Soto Morales

Cuando una persona escucha la palabra riesgo, automáticamente la asocia al peligro o a la pérdida.  Así, cuando un especialista en seguridad habla de riesgos industriales, normalmente se refiere a la prevención que se debe tener por los daños que podrían impactar en la salud de un ser humano.  Desde el punto de vista del ecologista, se referirá al daño que se pueda ocasionar al medio ambiente.  Asimismo, si un banquero habla de riesgo financiero, éste es asociado a la posibilidad de pérdida del banco al financiar a terceros.

Y claro, esta asociación es lógica, dada la naturaleza latina de nuestro lenguaje.  La palabra “riesgo” deriva de “risco”, “roca” o “peñasco”, pues básicamente la palabra “riscare” era asociada a la capacidad de los barcos de navegar entre peñascos.  Sin embargo, haciendo referencia a la etimología árabe del riesgo, “rizq” significa: “lo que nos depara la providencia”.  Está claro que la providencia —desde el punto de vista religioso— nos quiere deparar cosas buenas ¿no?

En la gestión de proyectos los riesgos son definidos como condiciones o eventos  inciertos, que de ocurrir, pueden tener un impacto positivo o negativo en uno o varios de los objetivos del proyecto como alcance, costo, plazo o calidad.

Cuando he tenido oportunidad de realizar talleres de riesgo para alguna empresa, durante la etapa de tormenta de ideas, el equipo del proyecto —por naturaleza— siempre comienza a lanzar riesgos que impactarían negativamente al proyecto, es lo que llamamos amenazas.  En estos talleres, una de mis funciones principales es la de incentivar a pensar en eventos que puedan generar un impacto positivo en los objetivos del proyecto, es decir en las oportunidades.

¿Por qué nos es tan natural pensar en amenazas y nos cuesta tanto pensar en oportunidades?

Según la programación neurolingüística, la mente del ser humano no está dispuesta a “perder” o “dejar” algo, está en nuestra naturaleza, es inevitable.  En los proyectos no queremos perder el plazo ni el presupuesto fijados, entonces vemos con cierta facilidad aquellos eventos que generan peligro en contra de ese objetivo.  Nos ponemos en contra de esos eventos e iniciamos las medidas correspondientes para reducir sus impactos, de eso se trata la gestión de riesgos en su forma más básica.

Según mi profesor espiritual y experto en programación neurolingüística, Vilmar Braga, ponerse en contra de algo, decir: “estoy en contra de…” significa adoptar una posición pasiva, ya que la frase no tiene detrás un objetivo por el cual trabajar.  Sin embargo, cuando tengo un objetivo debo realizar una serie de acciones para lograrlo, lo cual hace que la posición sea mucho más activa.  “¿Por qué en vez de estar en contra de algo, no canalizamos nuestra energía para construir algo?”, se pregunta Vilmar.

Y yo me pregunto ¿si en los talleres de riesgo de proyectos mejor buscamos la forma de crear oportunidades para que nuestro plazo, costo y calidad aumenten?  ¿Qué pasaría si nos trazamos objetivos para hacer realidad las oportunidades?, ¿qué pasaría si tomamos mejor una posición más activa, más positiva, construyendo un ambiente favorable hacia los eventos de impacto positivo?  Probablemente las oportunidades que no vemos cotidianamente opacarían a las amenazas y lograríamos mejores resultados en los ensayos probabilísticos que son mostrados al finalizar los talleres de riesgos.

Les dejo una gran oportunidad de capacitarse en un software para hacer cronogramas en proyectos lineales.  En Europa se está utilizando mucho, talvez lo necesites dentro de poco.

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¿PMI vs AACEI?

¿PMI vs AACEI?

¿PMI vs AACEI?

Por: Felix Soto Morales

Ahora que me encuentro en la directiva de la sección peruana del AACE International, cualquiera podría pensar que escribo este post para resaltar a una institución sobre otra, pero si sigue leyendo se dará cuenta de que ésa no es para nada mi intención.

De hecho, permítame contarle que cuando inicié mi carrera profesional y empecé a sumergirme día a día cada vez más en el mundo del control de proyectos, mi primer contacto fue con el Project Management Institute (PMI) y su ya célebre PMBOK.  Realmente necesito colocar qué significa?, No lo creo.  Fue este compendio el que me brindó mucha orientación acerca de la gestión de proyectos -en mi caso, proyectos de construcción-.  Muchas cosas ya las había aprendido en el trabajo, pero aquí encontré todo muy ordenando y sistematizado, entradas-salidas, en procesos y por capítulos, fue amor a primera vista… pero como tal, después de un tiempo de relación uno empieza a ver ciertas cosas que no veía al inicio.

Toda mi vida he trabajado en control de proyectos, profesión para algunos innecesaria y para otros muy bien valorada (sólo eso da para escribir todo un post dedicado a esa discusión).  El hecho es que uno se especializa mucho en esa área, lo cual conduce a buscar cada vez más información para el aprendizaje.

Hubo un momento en que simplemente el PMBOK -aquella guía que me decía qué es “lo que debo hacer”– ya no era suficiente, eso ya lo sabía.  Era hora de mejorar “el cómo hacerlo”.  ¿Acaso la metodología que estaba aplicando era la mejor?, ¿la más utilizada?, ¿era un estándar a nivel mundial?

El PMI nos da generalidades de lo que se debe hacer para una buena gestión de proyectos y creo que todo aquel que se inicia en ese conocimiento debe primero recurrir al PMI, ya que le dará el marco de conocimiento necesario para iniciarse en el tema.  Ojo, el PMBOK no representa todo el conocimiento del PMI; sin embargo, es el corazón de lo que abarca.

Por otro lado, y siguiendo con mi experiencia personal, en esa búsqueda de mayor conocimiento me topé con el AACEI y sus no menos famosas Prácticas Recomendadas, un nuevo amor -esta vez más duradero- había nacido. Y es aquí que encontré un grado de especialización que sobrepasó mis conocimientos.  Las prácticas recomendadas son escritas y revisadas por profesionales expertos, con gran trayectoria de trabajo en el tema que se aborda; y adivinen de qué trata la mayoría de temas? Sí…, control de proyectos.

Pero cuidado, no vaya a pensar que leyendo todas las prácticas se convertirá en experto de la noche a la mañana, se necesita tener experiencia -yo diría bastante- para entender y poder aplicar apropiadamente dichas prácticas en el espacio laboral.  ¿No me cree?  Intente leer las 135 páginas de la RP 29R-03 Forensic Schedule Analysis y luego me comenta.  Le adelanto, si recién se está iniciando en el tema de programación de proyectos,  es probable que lo deje de leer ya sea por lo aburrido que lo encontrará o porque talvez piense que no lo va a necesitar jamás.  En cambio, si Ud. es un programador experto, la leerá con muchísimo interés y hasta pensará “cómo no lo apliqué antes para tal o cual proyecto!”, se lo puedo casi asegurar.

De mi experiencia, entonces, saco una conclusión, realmente no hay un versus entre las dos instituciones, para mí ambas se complementan.

El primer acercamiento del profesional en la gestión de proyectos debe ser con el PMI y por ende su primer certificado debería ser el tan codiciado PMP (Project Management Profesional); luego, si se dedica a una profesión que requiera cierta especialización en alguna área de la gestión de proyectos como por ejemplo: planificador, estimador, ingeniero de costos, evaluador de riesgos, gestor de reclamos, etc; entonces deberá acercarse al AACEI y talvez en ese momento, ya con un tiempo de experiencia sobre sus espaldas, obtener alguno de los certificados que esta institución ofrece, como su codiciado CCP (Certified Cost Professional).

Espero que este post haya sido de su agrado y aprovecho para invitarlo a seguir uno de mis cursos en UDEMY: Tilos-Programación de proyectos lineales, utilizando el código de cupón: Solo20Tilos, el costo del curso será de tan sólo USD 20.00, nada mal para comenzar a especializarse.

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