VAMOS A JUGAR!

Vamos a jugar

Por: Felix Soto Morales

Te planteo el siguiente juego, debes optar por una elección antes de acabar de leer este post.

Si estuvieras en Las Vegas, Atlantic City o Macau y te propusieran tener éxito en alguno de los siguientes eventos, ¿cuál escogerías?

  1. dados Lanzas 6 dados para obtener por lo menos un 6
  2. Lanzas 12 dados para obtener por lo menos dos 6
  3. Lanzas 18 dados para obtener por lo menos tres 6

Obviamente escogerías el evento con mayor probabilidad de éxito, ¿cierto?  Pero, ¿cuál es?

Este es un problema que le planteó Samuel Pepys nada menos que a Sir Isaac Newton hace ya más de 300 años.  De hecho se llama “el problema Newton-Pepys” y se enseña en escuelas de negocios cuando se aprende estadística.  En 1693, Pepys —su amigo personal— le planteó el problema y Newton respondió correctamente sin la utilización de las herramientas que hoy en día tenemos… Bueno, el tipo era un genio!!!

Hoy con un par de fórmulas de combinaciones podemos decidir sin ningún problema cuál de los tres eventos es el que tiene mayor probabilidad de éxito.  Como a mí no me gustan mucho las fórmulas, lo que haría sería abrir el software Oracle Crystal Ball (que sirve para modelar eventos de riesgo e incertidumbre en hojas Excel) y crearía un supuesto; aplicando una distribución binomial, la cual mide la probabilidad de éxito (p) en un número de ensayos o intentos (n).  Con eso sería suficiente para resolver el problema.

Alguno dirá: “pero claro, tú sabes usar ese software por lo tanto debes saber de estadística”; otro dirá “¡caray, Félix me quiere vender ahora un nuevo software!”, pues ni lo uno ni lo otro.

Este post está más orientado a aclarar que existen diferentes tipos de distribución probabilística para hacer análisis cuantitativo de riesgos y resolver diversos problemas.   Ajá, ahora te das cuentas a qué venía realmente el post.

Para hacer análisis cuantitativo de riesgos es necesario modelar eventos y todos estos eventos no se comportan de la misma manera.  Si al impacto de un evento de riesgo lo cuantifico con un solo valor, entonces no necesitaría de ninguna distribución probabilística, porque decidí sólo por un número.  Esto hace la mayoría de personas en una hoja Excel, asignar un número fijo a algo que realmente tiene incertidumbre. Ejemplo: hojas de Excel que muestran la utilidad de un call-center asumiendo un número de llamadas entrantes al mes.  ¿Acaso podrías colocar un valor fijo a eso? ¿Puedes pronosticar un número fijo de llamadas entrantes para el mes siguiente?, ¿para el día siguiente?, ¿para la hora siguiente? Yo no podría, me estaría engañando a mí mismo con un cálculo así.

Por otro lado, cuando decido que el impacto del evento tiene incertidumbre, debo aplicarle una distribución probabilística, y es ahí cuando debo decidir por una de las tantas distribuciones que existen: Poisson, Binomial, Normal, Logarítmica, etc.

Si quieres saber qué distribución probabilística utilizar y cuándo aplicarla a algún evento en particular, te sugiero que leas la Práctica Recomendada del AACE-International Nº 66R-11 “Selecting probability distribution functions for use in cost and schedule risk simulation models”, a mí me ha ayudado mucho y ya no cometo el típico error de analista de riesgo principiante que es aplicar distribución normal a todo.

Espero que el documento mencionado te sirva tanto como a mí.

Ah, me olvidaba… el evento que tiene mayor probabilidad de éxito es el A: Lanzar 6 dados y tratar de sacar un 6 tiene las mejores chances.

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RIESGO BUENO

riesgo bueno, el riesgo en el control de proyectos

Por: Felix Soto Morales

Cuando una persona escucha la palabra riesgo, automáticamente la asocia al peligro o a la pérdida.  Así, cuando un especialista en seguridad habla de riesgos industriales, normalmente se refiere a la prevención que se debe tener por los daños que podrían impactar en la salud de un ser humano.  Desde el punto de vista del ecologista, se referirá al daño que se pueda ocasionar al medio ambiente.  Asimismo, si un banquero habla de riesgo financiero, éste es asociado a la posibilidad de pérdida del banco al financiar a terceros.

Y claro, esta asociación es lógica, dada la naturaleza latina de nuestro lenguaje.  La palabra “riesgo” deriva de “risco”, “roca” o “peñasco”, pues básicamente la palabra “riscare” era asociada a la capacidad de los barcos de navegar entre peñascos.  Sin embargo, haciendo referencia a la etimología árabe del riesgo, “rizq” significa: “lo que nos depara la providencia”.  Está claro que la providencia —desde el punto de vista religioso— nos quiere deparar cosas buenas ¿no?

En la gestión de proyectos los riesgos son definidos como condiciones o eventos  inciertos, que de ocurrir, pueden tener un impacto positivo o negativo en uno o varios de los objetivos del proyecto como alcance, costo, plazo o calidad.

Cuando he tenido oportunidad de realizar talleres de riesgo para alguna empresa, durante la etapa de tormenta de ideas, el equipo del proyecto —por naturaleza— siempre comienza a lanzar riesgos que impactarían negativamente al proyecto, es lo que llamamos amenazas.  En estos talleres, una de mis funciones principales es la de incentivar a pensar en eventos que puedan generar un impacto positivo en los objetivos del proyecto, es decir en las oportunidades.

¿Por qué nos es tan natural pensar en amenazas y nos cuesta tanto pensar en oportunidades?

Según la programación neurolingüística, la mente del ser humano no está dispuesta a “perder” o “dejar” algo, está en nuestra naturaleza, es inevitable.  En los proyectos no queremos perder el plazo ni el presupuesto fijados, entonces vemos con cierta facilidad aquellos eventos que generan peligro en contra de ese objetivo.  Nos ponemos en contra de esos eventos e iniciamos las medidas correspondientes para reducir sus impactos, de eso se trata la gestión de riesgos en su forma más básica.

Según mi profesor espiritual y experto en programación neurolingüística, Vilmar Braga, ponerse en contra de algo, decir: “estoy en contra de…” significa adoptar una posición pasiva, ya que la frase no tiene detrás un objetivo por el cual trabajar.  Sin embargo, cuando tengo un objetivo debo realizar una serie de acciones para lograrlo, lo cual hace que la posición sea mucho más activa.  “¿Por qué en vez de estar en contra de algo, no canalizamos nuestra energía para construir algo?”, se pregunta Vilmar.

Y yo me pregunto ¿si en los talleres de riesgo de proyectos mejor buscamos la forma de crear oportunidades para que nuestro plazo, costo y calidad aumenten?  ¿Qué pasaría si nos trazamos objetivos para hacer realidad las oportunidades?, ¿qué pasaría si tomamos mejor una posición más activa, más positiva, construyendo un ambiente favorable hacia los eventos de impacto positivo?  Probablemente las oportunidades que no vemos cotidianamente opacarían a las amenazas y lograríamos mejores resultados en los ensayos probabilísticos que son mostrados al finalizar los talleres de riesgos.

Les dejo una gran oportunidad de capacitarse en un software para hacer cronogramas en proyectos lineales.  En Europa se está utilizando mucho, talvez lo necesites dentro de poco.

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